Tocar la luna: cuando un sueño parece imposible, quizá solo necesite otro camino
- Almudena Ortega Minguito

- 18 may
- 5 min de lectura
Actualizado: hace 5 días
Hay frases que, sin darnos cuenta, se nos quedan dentro.
"No puedes."
"Eso está muy lejos."
"Es imposible."
"No es para ti."
"Con tus circunstancias, mejor no."
A veces nos las dicen otras personas. A veces nos las repetimos nosotros mismos y otras veces aparecen después de un cambio importante en nuestra vida, cuando algo se mueve, cuando el cuerpo ya no responde igual, cuando llega una discapacidad, una enfermedad, una pérdida, una etapa nueva o una realidad que no habíamos elegido.
Entonces, de pronto, aquello que antes parecía natural empieza a parecer lejano, como la luna.
En mi cuento Yo quiero tocar la luna, Adrián mira al cielo y desea tocarla. Es un deseo aparentemente imposible, la luna está lejos, claro. Eso lo sabemos todos desde nuestros ojos de adulto y ahí empieza el conflicto: en esa respuesta tan lógica y tan limitante a la vez.
La luna está muy lejos y no se puede tocar.
Cuando alguien sueña, no siempre necesita un baño de realidad
Muchas veces, ante el sueño de otra persona, nuestra primera reacción es protegerla, queremos evitarle una decepción, que no se frustre, que no se haga daño y desde ahí, con buena intención, soltamos frases que parecen prudentes, antes de lanzar este tipo de frases debemos pensar que una cosa es reconocer la realidad y otra muy distinta es poner barreras en los sueños u objetivos de los demás. Tu realidad, cómo ves el mundo, nunca es igual que como lo ve el otro, siempre hay matices diferentes.
quizá lo importante no es que que alcance la luna o no la alcance, que se frustre o no, que sufra o no, quizá, lo importante es el camino que va a emprender y el aprendizaje que va a recolectar durante el proceso.
Y sí, la realidad importa. Mucho. Negarla no ayuda. El optimismo vacío tampoco. Decirle a alguien "tú puedes con todo" cuando está atravesando un proceso complejo no suele ayudar, a veces incluso pesa más.
Acompañar no es animar: es hacer las preguntas correctas
El kit de la cuestión está en acompañar. Acompañar no es decirle a alguien que todo será fácil, tampoco es convencerle de que podrá alcanzar cualquier cosa solo porque lo desea mucho, ojalá la vida funcionara así, pero no, acompañar es otra cosa, es mirar a la persona y preguntarle:
"Vale, esto es importante para ti. ¿cómo puedo ayudarte?
¿Cómo podemos acercarnos?"
“Se te ocurre cómo hacerlo"
"¿Qué necesitas para dar el siguiente paso?"
"¿Qué camino alternativo podemos construir?"
Y escuchar, dar la mano y estar. Pasamos de ser un obstáculo a ser una palanca, alguien que está y suma.
Tocar la luna no siempre significa llegar hasta ella
En el cuento, Adrián no viaja a la luna, no se sube a una nave espacial ni rompe las leyes de la física antes de merendar. Lo que ocurre es más sencillo y, para mí, mucho más profundo. Su familia deja de responder solo desde el "no se puede" y empieza a preguntarse cómo acompañar ese deseo, empieza a escuchar a Adrián no solo con los oídos, sino también con el corazón y entran en la apertura y visión que tiene él sin negar la realidad.
Los momentos en los que hay que reconstruir la forma de estar en el mundo
Esta idea me parece fundamental, especialmente cuando hablamos de procesos vitales difíciles, hay momentos en los que una persona tiene que reconstruir su manera de estar en el mundo, puede ocurrir tras una discapacidad sobrevenida, un diagnóstico, un cambio físico, una pérdida de autonomía, un giro profesional o una etapa emocionalmente complicada, en esos momentos, muchas preguntas aparecen juntas:
"¿Y ahora qué?"
"¿Quién soy si ya no puedo hacer lo mismo que antes?"
"¿Qué pasa con mis planes?"
"¿Tengo que renunciar a todo?"
"¿Cómo vuelvo a confiar en mí?"
Quizá la respuesta no sea volver exactamente al punto anterior, quizá sea descubrir una nueva forma de avanzar. No se trata de negar lo que duele, se trata de no reducir la vida a eso que duele.
La discapacidad no borra a la persona
Una discapacidad puede cambiar muchas cosas, puede cambiar ritmos, posibilidades, rutinas, relaciones, prioridades y también la forma en la que una persona se mira a sí misma, pero no borra a la persona.
El problema es que, muchas veces, el entorno mira antes el límite que la capacidad y cuando eso ocurre una y otra vez, la persona puede acabar interiorizando esa mirada. Esto hace que mires tu luna y pienses: "No es para mí."
Cómo nos miramos a nosotros mismos importa tanto como cómo nos miran
Por eso es tan importante el acompañamiento, pero también es importante cómo nos miramos a nosotros mismo desde personas que somos con discapacidad, ya que depende de cómo lo hagamos damos el poder a los demás o nos lo quedamos para nosotros.
La discapacidad es una parte de ti pero no es un todo, tú eres más que tu discapacidad y si la pones delante en vez de al lado será cuando obstaculice tu vida, tus deseos, tu talentos, tu creatividad, tu capacidad de aprender y las ganas de construir algo propio Si la pones al lado para los demás será más sencillo que también la pongan y te acompañen a donde tu quieras ir.
En Yo quiero tocar la luna, hay un momento precioso: cuando el deseo de Adrián deja de ser una ocurrencia infantil y se convierte en algo compartido, Adrián decide coger su poder y no esperar que los demás se lo den y se acerca a su familia y les hablas con sinceridad, les habla desde el corazón, y es entonces cuando realmente se toman en serio lo que ese deseo significa para é y eso, en la vida real, tiene un valor enorme.
De qué trata mi trabajo contigo
En mi trabajo como psicóloga y coach el objetivo no es dar respuestas prefabricadas, cada persona llega con una historia, unas circunstancias y una forma particular de vivir lo que le ocurre, por eso no tiene sentido acompañar desde recetas generales.
Lo importante es construir un proceso que ayude a la persona a escucharse, ordenar lo que siente, identificar sus barreras, reconocer sus capacidades y avanzar hacia objetivos que tengan sentido para ella. No los objetivos que otros esperan ni los objetivos que "debería" tener, solo los suyos.
Este cuento nació desde una idea sencilla, pero muy profunda: los sueños necesitan acompañamiento, no necesitan ingenuidad, no necesitan frases vacías, no necesitan presión. Necesitan escucha, presencia, creatividad y caminos posibles.
También es importante dentro de todo esto tener un papel activo, responsabilizarte de tu proceso, no puedes esperar que te acompañen solo porque debe ser así, a veces necesitas pedirlo, a veces necesitas explicarlo e incluso buscar a las personas que sabes que te van a estar a tu lado.
Porque no hay nada más agotador que intentar vivir una vida diseñada desde las expectativas de los demás.


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