
SOBRE MI

Aprendí que no se trata de volver a ser la que eras antes, sino de construir y aceptar a la que eres ahora.
Cometí muchos errores. El principal, no sentarme a sentir lo que me pasaba. Dolía tanto que empecé a correr para huir de mí misma. Pero cuando la parte física se recuperó, me encontré con un gran agujero emocional que tuve que sanar. Y ahí lo entendí.
Esa experiencia me quitó cosas, sí. Tuve que soltar y aceptar, pero también me regaló la capacidad de sostener a otros en su dolor. Me enseñó que todos somos vulnerables, que las cosas que pasan no son premios ni castigos, simplemente SON. Y que dentro tenemos más recursos de los que creemos. Aprendí que soy mucho más que una cara bonita.
Por eso no me da miedo que sufras a mi lado. Sé sostener a las personas más allá del "venga, que esto pasará". Cuando acompaño a alguien, me fluye una energía especial, como si supiera de manera innata cómo estar presente. Es como si, a través de mi propia historia, me hubiera especializado en humanidad y escucha.
Palabras que Acompañan
Creo firmemente que los cuentos y los relatos son una herramienta poderosísima para dar sentido a lo que nos pasa. Poner en palabras el nudo que tenemos dentro es el primer paso para desenredarlo. Encontrar un libro que empatice contigo, con tu verdad, hace que el acompañamiento sea aún más real.

"Yo quiero tocar la Luna"
La historia de Adrián es una metáfora de mis acompañamientos. Nos enseña que hay mil maneras de hacer las cosas y que necesitamos de los demás para avanzar, y eso está bien.

Actualmente estoy escribiendo un relato más personal, usando mi historia como hilo conductor para expresar qué es la discapacidad y cómo podemos verla desde otro lugar.
En proceso
